jueves, 26 de mayo de 2016

Ha pasado ya mes y medio dese que renuncié a mi trabajo en la agencia, y ahora puedo decir, por encima de muchas cosas, que me siento más tranquilo y feliz. Pobre, pero tranquilo y feliz.

Es curioso, pero pocas veces vemos el daño que hace trabajar en un lugar tóxico, donde el acoso, la descalificación y la falta de visión de negocios, hacen la vida de quien ahí trabaja imposible.

Ahora no puedo decir que estoy en Jauja, de hecho me falta mucho para ello, pero me doy cuenta de que mi salud ya estaba mermando, y la verdad es que la agencia no me iba a pagar el médico, ni las cuentas de hospital si me ponía malo, a lo mucho me mandarían al seguro, y eso porque la ley les obliga a pagarlo. Siendo honesto, no creo que ni flores me fueran a mandar a la tumba.

Pero así son estas cosas, ahora a comenzar un nuevo reto, a buscar nuevas cosas que hace y a no achicopalarme, que todo irá saliendo con un poco de tesón y algo de suerte.

Hace unos días mandé mi currículum a cierta página que buscaba escritores, más por el gusto de escribir que por la necesidad de un trabajo. El caso es que rechazaron mi solicitud. No me pone triste, porque uno se va acostumbrando a los rechazos, pero hubiera estado padre.

En fin, el caso es no dejarse ir, seguir adelante y no perder la paciencia, que las cosas llegan, tarde que temprano, aunque espero que no tarden mucho.

lunes, 9 de mayo de 2016

De esos días sin empleo

Una de las cosas que pasan cuando uno deja la vida de asalariado y elige la vida del freelancer es que, de repente, uno cuenta con mucho tiempo libre.

Lo curioso de esto no es que haya tiempo libre, sino que uno se da cuenta de que siempre lo ha habido, aún cuando se trabaja en una oficina, es impresionante la cantidad de tiempo que perdemos; viendo el face, checando lo último que hay en youtube, escribiendo blogs, jugando solitario, etc.; sin embargo, en el momento en que nos hacemos freelancers todo lo anterior nos causa un poco de culpa, como el decir: "debería de estar haciendo algo en lugar de escribir este blog".

No sé bien de qué depende, quiero pensar que tiene que ver con el hecho de que somos nuestros propios jefes, eso y que el no hacer nada nos permite pensar más en qué va a pasar con nuestra economía, y nuestra vida, ahora que somos freelancers. Pero la verdad es que siempre hay tiempos muertos, seamos los dueños del negocio, o no.

Así, van pasando los días, con ese sentimiento de culpa que nos da el no hacer nada, aunque no haya nada que hacer.

Mejor tomarse las cosas con calma, esperar a que algo llegue, y cuando eso suceda, hacerlo bien y a la primera, aunque luego eso haga que tengamos aún más tiempo libre.

lunes, 11 de abril de 2016

Sobreviviendo al desempleo con su salud mental, una guía nada práctica


Alguna vez , platicando con uno de mis amigos, llegamos a la conclusión de que una de las habilidades que se necesitan para sobrevivir en estos tiempos locos, es la habilidad de poder sobrevivir el desempleo, y cabe señalar, no la enseñan en las universidades, lo que es irónico porque en la mayoría de los casos uno se gradúa para ser desempleado.

Y es que, si se ponen a pensarlo, aprender habilidades que nos permitan sobrevivir los tiempos en que no estamos empleados son necesarias, porque:

1) En algún momento u otro viviremos el desempleo.

2) Cuando estamos desempleados no sabemos cuánto tiempo vamos a pasar sin trabajo, lo que puede llevarnos a la locura.

Así, con estas ideas en mente, tenemos que tener un plan, ya sea para comenzar a buscar trabajo, para crear un negocio propio, o cuidar nuestros recursos. Pero sobre todo, tenemos que tener una estrategia que nos permita mantener la cordura.

La desesperación es el peor enemigo del desempleado, porque muchas veces nos impide tener una idea real de las cosas, es decir, hace que todo parezca peor de lo que realmente es. Esto nos hace perder la confianza, lo que hace que nos veamos ansiosos y desesperados, lo que hace más difícil que consigamos un nuevo trabajo. En pocas palabras, el desempleo es como pasar un buen rato sin pareja; no hay sexo, y mientras más tiempo pasemos sin él, más se nos va a notar.

Así que me atrevo a dar algunos consejos al respecto:

1) Mantenga la mente ocupada

Es bien importante que siempre estemos haciendo algo. No tener trabajo no quiere decir que estemos todo el día echados, viendo televisión y esperando que las cosas se resuelvan solas.

Hay que ponernos activos, dejar currículums, planear cosas, encontrar nuevos hobbys, de preferencia baratos, por ejemplo: la jardinería, que puede practicarse de forma ilegal en los parque de la ciudad, u organizar peleas clandestinas de puercoespines .

2) Mantenga a sus amigos cerca.

El desempleo lleva  a la depresión, y esto nunca es bueno; el chiste es salir del hoyo, no meterse más en él. Los amigos son la mejor forma de poder mantenerse en contacto con el mundo, y sí, aunque no es lo más recomendable, siempre pueden prestarle a uno para una chela.

3) Busque un desorden obsesivo compulsivo.
Si no tiene uno, es buen momento para desarrollarlo, nada evita que pensemos en que no hay trabajo, como tener que prender y apagar la luz 35 veces.

4) Recorte gastos.
Vamos, siendo honestos, no es un buen momento para que compre ese yate al que le había echado el ojo, o adquirir el diamante Akbar Shah; mejor compre un bote de esos de pedales o una zirconia cúbica.

5) Evite pedir prestado
Porque si no los primeros cheques de su nuevo trabajo se le van a ir en pagar deudas.

6) Si es necesario guarde la cordura
No la pierda, mejor guárdela en un cajón, donde pueda encontrarla fácilmente en caso de que consiga trabajo.

En pocas palabras,  no deje de hacer cosas, aunque no sean muy productivas que digamos. La ociosidad es el peor enemigo del desempleado, y para evitarla uno puede dedicarse todo el día a hacer ociosidades.

jueves, 7 de abril de 2016

Así es la vida y a la vuelta un vals

Todo, aunque en realidad no nos guste, cambia en algún momento u otro. Por ejemplo, esta semana mi estatus laboral cambio de: "empleado" a "desempleado", así no más, como quien no quiere la cosa.

Bueno no. La verdad es que es algo que ambas partes buscábamos, yo no aguantaba a mi jefe, y él, sobretodo él, no me aguantaba a mí.

El caso es que hemos cambiado la dinámica, él no me tiene que ver todos los días, y yo no tengo por qué hacerle ganar dinero. SI me preguntan es un ganar-ganar.

Bueno no. No es un ganar, porque la verdad es que me gusta lo que hago y creo que a él le gusta ganar dinero, solo que le gusta más que la gente le rinda pleitesía, más que el tener un negocio fructífero, y ahí es donde no opinábamos igual, porque como bien me ha dicho mi amiga Elizabeth, yo soy un rebeldito, y como bien me han dicho todos los que me conocen, esa es la fuente de mis problemas.

Y ¿qué le voy a hacer? La verdad es que me gusta ser un rebeldito, me gusta que las cosas sean justas, me gusta que me dejen hacer mi trabajo como mejor lo sé hacer, a fin de cuentas lo que importa es el resultado y que esté a tiempo ¿no?

No voy a cambiar en eso, tal vez en algunas otras cosas sí cambie, pero espero nunca hacerlo en el área donde defiendo mi trabajo y lo hago con dignidad. Si eso quiere decir que voy a estar desempleado y que voy a tener muchos problemas en el futuro porque no me dejo sobajar por nadie, pues ni modo.

Y otra vez aquí, no voy a negar que en estos momentos se siente un poco triste la cosa, pero la verdad es que también lo veo con optimismo, no solo porque vendrán nuevos proyectos, sino porque sé que las cosas están mal, pero pueden cambiarse, y si no pueden cambiarse, bueno, por lo menos uno puede cambiarse de lugar.

martes, 28 de julio de 2015

El olvido es de esas cosas engañosas. 

Al principio se nos ofrece como la solución al dolor, mas cuando intentamos aplicarlo nos damos cuenta de es una quimera; nadie puede olvidarlo todo, hay fragmentos que permanecen en la mente, solo para clavarse como espinas de nopal en nuestro sentimiento, de vez en diario.

Poco a poco, con el paso de los años, nos llenamos de melancolía.

lunes, 27 de julio de 2015

Podría decir que estoy pensando en esto o en aquello; en ti, en nosotros, en la forma en que la luz cae desde la ventana y se estrella contra el estampado florido del sillón.

Podría decir que me duele, que lo disfruto, o reflexionar en que lo disfruto porque me duele, o duele porque lo estoy disfrutando.

Podría arrancarme el cuerpo e ir a acompañar a aquella alma que está perdida en alguna habitación de la casa olvidada.

Podría dejarlo todo, tomar un camión al punto inexistente escogido al azar, dejar que la mirada se pierda y los relojes se vuelvan locos. No sabré qué hora es; en un instante será media noche y minutos después las seis de la mañana; será hora de ir a dormir,  el momento de despertar entre tus brazos. 

Podría morir de tristeza y resucitar tres, cuatro, veinte días después para ver que nada ha cambiado, que  la casa sigue sola, los amigos distantes y que tú permaneces ausente. 

Podría morir de risa, entonces, a lo mejor, ya no me darían ganas de resucitar, pues que mejor forma de irse que con la carcajada a mitad de la garganta.

Podría subir, bajar, entrar, salir, hablar, callármelo todo. Podría insultar, y hasta ahí, porque en estas épocas no me quedan ganas de alabar a nadie.

Podría decir lo que siento, y que lo siento. Podría, podría.
Pero justo hoy, no quiero.

jueves, 4 de agosto de 2011

De regreso a clases

Regresar a clases no es fácil, menos cuando tienes que levantarte a las seis de la mañana para ir a clase de siete. Y no es que me queje, pero lo que pasa es que durante toda la universidad tuve clase de siete y, por un momento, pensé que al graduarme ya no iba a tener que despertarme a esas horas, tal vez dormirme a esas horas, pero definitivamente no despertarme.

Pero bueno, así me tocó el horario, y está bien, mejor clase de siete y arrancar así el día, en lugar de tener clases a las doce del día, tener que interrumpir cualquier cosa que esté haciendo para ir a la Universidad, y sufrir el calor del medio día, que hace que uno esté más somnoliento que con la clase de siete.

Las vacaciones estuvieron bien; sin embargo fueron cortas y me la pasé trabajando. Mi idea es que en la última semana de vacaciones me la pasaría sin hacer nada; viendo pelis, leyendo, jugando videojuegos, y todas esas cosas. Cuál sería mi sorpresa el domingo pasado cuando un compañero me pregunta si ya estoy listo para regresar a clases.

"¿Por qué, si entramos hasta dentro de una semana?", le pregunté.

"No", respondió, "entramos este lunes".

No puedo comenzar a contarles cómo fue que mi burbuja se reventó. En mi casa quedaron un par de libros que ahora tendré que leer a ratos y una pila de películas que tendré que ver en los fines de semana.

Pero estoy feliz de haber vuelto a clases. Hasta ahora los grupos de la Universidad prometen, se ve que son personas interesadas en su carrera y dispuestos a debatir y aprender. Siempre es bueno comenzar un semestre así.