jueves, 4 de agosto de 2011

De regreso a clases

Regresar a clases no es fácil, menos cuando tienes que levantarte a las seis de la mañana para ir a clase de siete. Y no es que me queje, pero lo que pasa es que durante toda la universidad tuve clase de siete y, por un momento, pensé que al graduarme ya no iba a tener que despertarme a esas horas, tal vez dormirme a esas horas, pero definitivamente no despertarme.

Pero bueno, así me tocó el horario, y está bien, mejor clase de siete y arrancar así el día, en lugar de tener clases a las doce del día, tener que interrumpir cualquier cosa que esté haciendo para ir a la Universidad, y sufrir el calor del medio día, que hace que uno esté más somnoliento que con la clase de siete.

Las vacaciones estuvieron bien; sin embargo fueron cortas y me la pasé trabajando. Mi idea es que en la última semana de vacaciones me la pasaría sin hacer nada; viendo pelis, leyendo, jugando videojuegos, y todas esas cosas. Cuál sería mi sorpresa el domingo pasado cuando un compañero me pregunta si ya estoy listo para regresar a clases.

"¿Por qué, si entramos hasta dentro de una semana?", le pregunté.

"No", respondió, "entramos este lunes".

No puedo comenzar a contarles cómo fue que mi burbuja se reventó. En mi casa quedaron un par de libros que ahora tendré que leer a ratos y una pila de películas que tendré que ver en los fines de semana.

Pero estoy feliz de haber vuelto a clases. Hasta ahora los grupos de la Universidad prometen, se ve que son personas interesadas en su carrera y dispuestos a debatir y aprender. Siempre es bueno comenzar un semestre así.

martes, 21 de junio de 2011

Ya de vacaciones

Pareciera que el trabajo de un maestro no termina nunca, al menos esa es la idea romántica que tenemos al respecto los que nos dedicamos a la docencia; por suerte para nosotros, cada seis meses nuestro trabajo sí termina, y una vez pasados los exámenes finales, y el subir calificaciones, y lidiar con alumnos que aseguran que debieron de tener una mejor calificación pero uno, despiadado que es, les puso seis en lugar de diez. Una vez pasado todo eso, llegan las vacaciones.

Alguien me dijo alguna vez que las vacaciones no era para los alumnos, creo que ya les he contado, sino que eran para los maestros. Nunca he estado más de acuerdo. Así que, junto con el verano, llegan las vacaciones, y con ellas una engarzado de días en los que uno puede sentirse libre y agarrar fuerzas para volver, en un mes o dos, a dar clases de nuevo.

Disfruten sus vacaciones

martes, 10 de mayo de 2011

Sueños de fuga

Pocas cosas son tan peligrosas en esta vida como un salón lleno de estudiantes, justo después de dos semanas de vacaciones de Semana Santa, y con un puente a la vuelta de la esquina. Así como paso en estos días. Y es que por más que uno quiera dar clase, la verdad es que nadie va a pelar al maestro. Aún los docentes más rudos, inflexibles y temidos, se topan con tratar de domar a un grupo eufórico por las vacaciones e inquieto por la promesa de más días libres.

Yo recuerdo cuando era alumno y estos días llegaban. Uno no puede pensar en nada más que en lo que va a hacer cuando llegue el fin de semana, a dónde se va a ir con el nuevo puente o en casa de quién se va a organizar la borrachera.

Y ahora que escucho a mis alumnos, la mayoría de ellos reprobados en más de una materia, recuerdo esos tiempos en donde no había nada más importante que la fiesta.

Pero ahora estoy al otro lado. Desde detrás del escritorio la verdad es que la cosa es igual, pero diferente. Claro que uno como maestro también quiere irse de puente, claro que uno también está pensando a dónde salir, en casa de quién juntarse, qué películas va a ver durante todo el día. Pero no podemos hacerlo público. Mientras que los alumnos "rumoran" —lo pongo entre comillas porque lo que ellos creen que son murmullos, en realidad son gritos pelones que todos, incluso los de los salones de al lado, pueden escuchar— los maestros tenemos que dar la clase, y esperar que se nos haga el milagro y que lago de lo que hemos dado en estos días, que tampoco ha sido mucho pues las circunstancias juegan en nuestra contra, se les pegue a los alumnos, aunque sea a uno, para que el día del examen alguien responda esa pregunta de manera correcta y nuesta consciencia esté tranquila.

Y uno se arma de valor, y deja el doble de tarea con la esperanza de que aunque la mente de los estudiantes esté en otro lado, algo se les quede. Mientras, detrás del escritorio, uno sigue soñando, aunque no diga nada, aunque no haya nadie con quién compartirlo en el salón de clases, con lo mismo que sueñan los alumnos.

lunes, 18 de abril de 2011

Ya de vacaciones

Alguna vez alguien me dijo que las vacaciones no eran una recompenza a los alumnos, sino un descanso necesario para los maestros, pues sin ellas lo más probabable es que nos volveríamos locos y regresaríamos a los métodos de enseñanza medievales. Yo opino lo mismo.
Pero ya son vacaciones, y aunque he de decir que la Semana Santa de este año llegó muy tarde, y la idea de que a los maestros no se nos pague nada en las vacaciones --hey, no están dando clases ¿por qué les vamos a pagar?--, estoy agradecido de que poder tener este tiempo libre. La universidad, por supuesto, pretende que aprovechemos para calificar, pero soy de la idea de que, así como no me pagan la vacaciones, no trabajo las vacaciones.
Pero no es momento de pensar en eso, lamentablemente tampoco es el momento de pensar en la playa. Pero no importa, por quince días no hacer, no lidear, no calificar, no dictar, no discutir, no pensar. ¡Salud!

miércoles, 13 de abril de 2011

Crónica de un examen anunciado

Como maestro el día del examen es uno de esos momentos que podría significar la revancha contra todos aquellos alumnos que no prestan atención, los que hablan en clase y aquellos que no leen los libros, pero la verdad es que nunca me ha salido ser el maestro malvado.

Lo anterior no quiere decir que no disfrute la cara de angustia de mis alumnos al momento en que les voy dictando las preguntas yse van dando cuenta de que no tienen idea de lo que estoy dictando, pues una de las cosas que tienen mis examenes es que no son de memorización, sino de pensar; y no hay nada que le duela más a los alumnos que pensar.

Tengo que admitir que me divierte el ver cómo todos se hacen bolas y comienzan ha hacerme las preguntas del examen, pero con otras palabras, como intentando que me haga bolas, me apiade de ellos. Todos hablan al mismo tiempo, lanzando las más locas hipótesis de lo que deben de ser las respuestas del examen. Yo intento ponerlos en la ruta en la que deben de ir para responder la pregunta, pero ellos solos, en su afán de responder rápido y con el minimo esfuerzo, se comienzan a hacer bolas y cambian su respuesta de lo que está más o menos bien, por unas que están terriblemente mal.

El caso es que termina el examen y todos tienen cara de "es usted un maldito profe", y me preguntan las respuestas de examen. Como buen maestro les contesto todas. Se quedan con la boca abierta, todo era más fácil de lo que pensaban. "¿Pero maestro, cómo ibamos a saber eso?", me prguntan. "Fácil", les digo, "solo tenían que poner atención en clase".

miércoles, 6 de abril de 2011

En la universidad

Hay momentos en los que los alumnos lo vuelven a uno loco. Creen que son más listos. Creen que lo saben todo. Creen que el maestro es un pelele.
Después vienen lis examenes. Entonces creen que son víctimas. Creen que el maestro la trae en su contra.  Creen que sufren mucho.
Me queda claro que para los alumnos la escuela es una cuestión de fe.