Todo, aunque en realidad no nos guste, cambia en algún momento u otro. Por ejemplo, esta semana mi estatus laboral cambio de: "empleado" a "desempleado", así no más, como quien no quiere la cosa.
Bueno no. La verdad es que es algo que ambas partes buscábamos, yo no aguantaba a mi jefe, y él, sobretodo él, no me aguantaba a mí.
El caso es que hemos cambiado la dinámica, él no me tiene que ver todos los días, y yo no tengo por qué hacerle ganar dinero. SI me preguntan es un ganar-ganar.
Bueno no. No es un ganar, porque la verdad es que me gusta lo que hago y creo que a él le gusta ganar dinero, solo que le gusta más que la gente le rinda pleitesía, más que el tener un negocio fructífero, y ahí es donde no opinábamos igual, porque como bien me ha dicho mi amiga Elizabeth, yo soy un rebeldito, y como bien me han dicho todos los que me conocen, esa es la fuente de mis problemas.
Y ¿qué le voy a hacer? La verdad es que me gusta ser un rebeldito, me gusta que las cosas sean justas, me gusta que me dejen hacer mi trabajo como mejor lo sé hacer, a fin de cuentas lo que importa es el resultado y que esté a tiempo ¿no?
No voy a cambiar en eso, tal vez en algunas otras cosas sí cambie, pero espero nunca hacerlo en el área donde defiendo mi trabajo y lo hago con dignidad. Si eso quiere decir que voy a estar desempleado y que voy a tener muchos problemas en el futuro porque no me dejo sobajar por nadie, pues ni modo.
Y otra vez aquí, no voy a negar que en estos momentos se siente un poco triste la cosa, pero la verdad es que también lo veo con optimismo, no solo porque vendrán nuevos proyectos, sino porque sé que las cosas están mal, pero pueden cambiarse, y si no pueden cambiarse, bueno, por lo menos uno puede cambiarse de lugar.
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