martes, 28 de julio de 2015

El olvido es de esas cosas engañosas. 

Al principio se nos ofrece como la solución al dolor, mas cuando intentamos aplicarlo nos damos cuenta de es una quimera; nadie puede olvidarlo todo, hay fragmentos que permanecen en la mente, solo para clavarse como espinas de nopal en nuestro sentimiento, de vez en diario.

Poco a poco, con el paso de los años, nos llenamos de melancolía.

lunes, 27 de julio de 2015

Podría decir que estoy pensando en esto o en aquello; en ti, en nosotros, en la forma en que la luz cae desde la ventana y se estrella contra el estampado florido del sillón.

Podría decir que me duele, que lo disfruto, o reflexionar en que lo disfruto porque me duele, o duele porque lo estoy disfrutando.

Podría arrancarme el cuerpo e ir a acompañar a aquella alma que está perdida en alguna habitación de la casa olvidada.

Podría dejarlo todo, tomar un camión al punto inexistente escogido al azar, dejar que la mirada se pierda y los relojes se vuelvan locos. No sabré qué hora es; en un instante será media noche y minutos después las seis de la mañana; será hora de ir a dormir,  el momento de despertar entre tus brazos. 

Podría morir de tristeza y resucitar tres, cuatro, veinte días después para ver que nada ha cambiado, que  la casa sigue sola, los amigos distantes y que tú permaneces ausente. 

Podría morir de risa, entonces, a lo mejor, ya no me darían ganas de resucitar, pues que mejor forma de irse que con la carcajada a mitad de la garganta.

Podría subir, bajar, entrar, salir, hablar, callármelo todo. Podría insultar, y hasta ahí, porque en estas épocas no me quedan ganas de alabar a nadie.

Podría decir lo que siento, y que lo siento. Podría, podría.
Pero justo hoy, no quiero.