Pareciera que el trabajo de un maestro no termina nunca, al menos esa es la idea romántica que tenemos al respecto los que nos dedicamos a la docencia; por suerte para nosotros, cada seis meses nuestro trabajo sí termina, y una vez pasados los exámenes finales, y el subir calificaciones, y lidiar con alumnos que aseguran que debieron de tener una mejor calificación pero uno, despiadado que es, les puso seis en lugar de diez. Una vez pasado todo eso, llegan las vacaciones.
Alguien me dijo alguna vez que las vacaciones no era para los alumnos, creo que ya les he contado, sino que eran para los maestros. Nunca he estado más de acuerdo. Así que, junto con el verano, llegan las vacaciones, y con ellas una engarzado de días en los que uno puede sentirse libre y agarrar fuerzas para volver, en un mes o dos, a dar clases de nuevo.
Disfruten sus vacaciones
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