Y un día te encuentras muerto de los nervios, sin novia, sin amigos, sin nadie a quien poder marcar para que escuche lo que tienes que decir, para que te ayude aunque sea un poco, para que simple y sencillamente esté ahí.
El miedo, o serán los nervios, no te dejan hacer nada. No puedes leer porque los pies te bailan y te mandan a viajar por el pasillo solitario de la casa. Ver la tele está descartado, una película —dura mucho, no podrías aguantar—, salir tampoco pues la agorafobia te da todos los días trece y ni modo, salir a la calle se suma a los muchos pánicos que ya tienes.
¿Entonces qué haces? Te pones a escribir, no porque sea lo mejor, pero porque es la única manera en la que las manos se mantienen ocupadas y el rítmico golpeteo de las teclas te distrae los nervios. Sabes que el blog nadie lo va a leer, tampoco es como que vayas a repartir la dirección a todo el mundo para que sepan qué es lo que te está sucediendo, aunque quién sabe, tal vez así comprendan los repentinos cambios de humor, la euforia incontrolable, las depresiones, los días en que a todo le haces el fuchi, o aquellos en que encuentras a las golondrinas de la puerta de tu casa verdaderamente fascinantes.
Pero no llegas a la decisión del blog así como así, antes ya checaste todas las páginas que te gustan, te conectaste al msg y checaste tu correo en busca de algo de contacto, como quien está seguro de que la vida extraterrestre llegará un día por paquetería, COD por supuesto. Revisaste también el boleto del Melate de hace quince días, te habías olvidado de él en una caja de cigarros que hiciste humo mientras esperabas, nada en específico, sólo esperabas.
Y así llegas a la página de los blogs, todo el mundo lo está haciendo ¿tú por qué no?
Te espera la página en blanco, tendrás que escribir algo, no se puede quedar así, tendrás que poner tus sueños, tendrás que decirle a la gente que eres un escritor que no escribe nada porque nadie se lo ha pedido, tendrás que decirles tus verdades, los secretos que vas modificando, disfrazando para que nadie conozca la realidad, pero entre disfraz y disfraz dejas verlo todo, te vuelves transparente.
Sudas, los dedos se acalambran, te sientes mareado. Eso, tómate un respiro, profundo. Tal vez deberías comenzar con otra cosa, algo más sencillo, tal vez, hoy que es tu primera vez, deberías de escribir sólo: Hola.
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